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Septiembre 7, 2005
 
El Zapotillo, una presa esperada

Los caseríos de la zona de la cortina esperan en la obra de agua una oportunidad para sus vidas olvidadas.

Al lado de Yahualica hay una meseta llena de veredas que parecen conducir a ninguna parte. La ruta a El Zapotillo, que exige pasar la aduana de un crecido río Verde, es una salida de estos laberintos que se desparraman entre el yermo fugazmente humedecido. La monotonía de los matorrales es interrumpida por estanques quietos donde las vacas levantan plácidamente el cuello como pequeños dinosaurios que mascan hierba mojada. Los maizales prosperan lustrosos entre caseríos casi huérfanos de humanos. La corneja con su vuelo negro marca la bajada hacia el abismo. Un descenso accidentado por una brecha enlodada y pozuda. Los ahuehuetes observan el tránsito a la otra orilla, y luego el ascenso, por la mesa de enfrente, ya en Cañadas de Obregón.

Estas tierras olvidadas cobran de súbito una importancia desmedida. “Aquí nunca ha habido progreso, estamos abandonados por malos gobiernos y porque todo está muy seco”, dice don Víctor Gómez, un habitante del poblado que ya ha dado nombre a uno de los proyectos más ambiciosos del gobierno de Vicente Fox: la presa de abastecimiento que dará agua a una León sedienta y a doce municipios de Los Altos.

 
 
El río Verde corre con caudal nutrido en el paso de Yahualica hacia El Zapotillo, a unos cien metros aguas arriba del sitio donde se pretende levantar la cortina de la presa que anunció el presidente Fox
 


“Nosotros, los habitantes de El Zapotillo, estamos de acuerdo con la obra, porque nos puede beneficiar; la cortina la vamos a tener aquí abajito, levantada a 85 o 90 metros sobre el río, y esperamos que nos den agua, que nos pongan un puente para pasar a Yahualica y no tener que atravesar por el río que cuando sube nos detiene; además, que podamos seguir pescando, porque también vivimos de los que nos da el río Verde”, señala juicioso.

Reconoce que podría haber afectaciones en otros poblados que se ubican al norte, como Palmarejo, Temacapulín y Acasico, lo que podría poner en riesgo a algunas casas. “Pero se ha sabido que el gobierno les va a reforzar allí para que no se inunde, entonces creo que no hay mayores problemas”, subraya.

Este alteño, migrante intermitente a Estados Unidos, donde pasa la mitad del año para mantener a su familia en estas comarcas exangües, se queja de que los gobiernos municipales los suelen ignorar. “Zapotillo es muy importante; nadie sale presidente en Cañadas sin el apoyo de los de aquí, aunque no seamos más que un pueblo [...] tenemos agua y electricidad, pero la luz se nos va cada tercer día, es un servicio muy malo”.

Pobres y sin mucho quehacer. No hay fuentes de empleo más que los malos jornales. Por eso hay unos cien visados que van y vienen al país vecino. Y no se diga la oleada de ilegales. En un caserío de 600 personas, el peso de esta estadística es abrumador. “Si hacen la presa y dan empleo, me parece muy bien, porque nos falta mucho; pero que lo paguen bien, lo justo, porque aunque no haya dinero, la gente no trabaja de gratis, y por eso se va”, advierte el cuarentón, que camina a los peñascos donde podría tenderse la gran cortina, y los señala en lo profundo de la barranca.

“Yo creo que sí la harán, aunque quién sabe; ya ve lo que pasó en la otra presa [San Nicolás]. Que yo recuerde, desde hace siete años vinieron ingenieros a hacer estudios; últimamente han pedido que se les dé permiso de poner helicópteros para varias pruebas que deben terminar antes de que se construya”, añade. Entre el estruendo de la corriente y el verdor de los desfiladeros se levanta un farallón que domina el charco de La Torrecilla. Decenas de animales silvestres deambulan ocultos entre la luz de la tarde. “Tejones, coyotes, mapaches, hasta venados”, observa entretenido. Este cerrado cañón lleva la mirada al lado de Yahualica, con casas dispersas, casi solas, entre maizales brillosos y vacas perezosas. En Ojo de Agua, doña Marcelina Casillas limpia la entrada a su tiendita. “Acá vinieron también los ingenieros —dijo a los viajeros de la meseta—, y se están poniendo de acuerdo con los dueños de La Parada... dicen que sí se va a hacer la presa”.

En un día, Chapala subió 2 centímetros

El lago de Chapala recuperó entre lunes y martes dos centímetros de su nivel y salvó un poco la mala racha de agosto, un mes regularmente bueno que este año fue pésimo. Durante septiembre, el nivel ha subido nueve centímetros, así que, durante este temporal, el principal lago del país ha recuperado 31 centímetros de su nivel, según la Comisión Nacional del Agua (CNA).

Hoy, el lago se ubica en la cota 95.41, cuando el año pasado estaba en la cota 94.53. Todo esto significa que, de haber tenido un almacenamiento de 4,591 millones de metros cúbicos (mm3) a la misma fecha de 2004, hoy subió hasta 5,199 mm3.

De acuerdo con la CNA, si en 2004 el lago almacenaba 58.14 por ciento de su capacidad, hoy llega hasta 65.83 por ciento. La CNA calcula el almacenamiento de acuerdo con una escala que marca como máximo la cota 97.80, que representa 7,897 mm3 de agua.
Agustín del Castillo, Yahualica de González Gallo

 
 


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