Al lado de Yahualica hay una meseta llena de veredas
que parecen conducir a ninguna parte. La ruta a El Zapotillo, que
exige pasar la aduana de un crecido río Verde, es una salida de
estos laberintos que se desparraman entre el yermo fugazmente
humedecido. La monotonía de los matorrales es interrumpida por
estanques quietos donde las vacas levantan plácidamente el cuello
como pequeños dinosaurios que mascan hierba mojada. Los maizales
prosperan lustrosos entre caseríos casi huérfanos de humanos. La
corneja con su vuelo negro marca la bajada hacia el abismo. Un
descenso accidentado por una brecha enlodada y pozuda. Los
ahuehuetes observan el tránsito a la otra orilla, y luego el
ascenso, por la mesa de enfrente, ya en Cañadas de
Obregón.
Estas tierras olvidadas cobran de súbito una
importancia desmedida. “Aquí nunca ha habido progreso, estamos
abandonados por malos gobiernos y porque todo está muy seco”, dice
don Víctor Gómez, un habitante del poblado que ya ha dado nombre a
uno de los proyectos más ambiciosos del gobierno de Vicente Fox: la
presa de abastecimiento que dará agua a una León sedienta y a doce
municipios de Los Altos.
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El río Verde corre con caudal nutrido
en el paso de Yahualica hacia El Zapotillo, a unos cien metros
aguas arriba del sitio donde se pretende levantar la cortina
de la presa que anunció el presidente Fox |
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“Nosotros, los
habitantes de El Zapotillo, estamos de acuerdo con la obra, porque
nos puede beneficiar; la cortina la vamos a tener aquí abajito,
levantada a 85 o 90 metros sobre el río, y esperamos que nos den
agua, que nos pongan un puente para pasar a Yahualica y no tener que
atravesar por el río que cuando sube nos detiene; además, que
podamos seguir pescando, porque también vivimos de los que nos da el
río Verde”, señala juicioso.
Reconoce que podría haber
afectaciones en otros poblados que se ubican al norte, como
Palmarejo, Temacapulín y Acasico, lo que podría poner en riesgo a
algunas casas. “Pero se ha sabido que el gobierno les va a reforzar
allí para que no se inunde, entonces creo que no hay mayores
problemas”, subraya.
Este alteño, migrante intermitente a
Estados Unidos, donde pasa la mitad del año para mantener a su
familia en estas comarcas exangües, se queja de que los gobiernos
municipales los suelen ignorar. “Zapotillo es muy importante; nadie
sale presidente en Cañadas sin el apoyo de los de aquí, aunque no
seamos más que un pueblo [...] tenemos agua y electricidad, pero la
luz se nos va cada tercer día, es un servicio muy
malo”.
Pobres y sin mucho quehacer. No hay fuentes de empleo
más que los malos jornales. Por eso hay unos cien visados que van y
vienen al país vecino. Y no se diga la oleada de ilegales. En un
caserío de 600 personas, el peso de esta estadística es abrumador.
“Si hacen la presa y dan empleo, me parece muy bien, porque nos
falta mucho; pero que lo paguen bien, lo justo, porque aunque no
haya dinero, la gente no trabaja de gratis, y por eso se va”,
advierte el cuarentón, que camina a los peñascos donde podría
tenderse la gran cortina, y los señala en lo profundo de la
barranca.
“Yo creo que sí la harán, aunque quién sabe; ya ve
lo que pasó en la otra presa [San Nicolás]. Que yo recuerde, desde
hace siete años vinieron ingenieros a hacer estudios; últimamente
han pedido que se les dé permiso de poner helicópteros para varias
pruebas que deben terminar antes de que se construya”, añade. Entre
el estruendo de la corriente y el verdor de los desfiladeros se
levanta un farallón que domina el charco de La Torrecilla. Decenas
de animales silvestres deambulan ocultos entre la luz de la tarde.
“Tejones, coyotes, mapaches, hasta venados”, observa entretenido.
Este cerrado cañón lleva la mirada al lado de Yahualica, con casas
dispersas, casi solas, entre maizales brillosos y vacas perezosas.
En Ojo de Agua, doña Marcelina Casillas limpia la entrada a su
tiendita. “Acá vinieron también los ingenieros —dijo a los viajeros
de la meseta—, y se están poniendo de acuerdo con los dueños de La
Parada... dicen que sí se va a hacer la presa”.
En un día,
Chapala subió 2 centímetrosEl lago de Chapala recuperó
entre lunes y martes dos centímetros de su nivel y salvó un poco la
mala racha de agosto, un mes regularmente bueno que este año fue
pésimo. Durante septiembre, el nivel ha subido nueve centímetros,
así que, durante este temporal, el principal lago del país ha
recuperado 31 centímetros de su nivel, según la Comisión Nacional
del Agua (CNA).
Hoy, el lago se ubica en la cota 95.41,
cuando el año pasado estaba en la cota 94.53. Todo esto significa
que, de haber tenido un almacenamiento de 4,591 millones de metros
cúbicos (mm3) a la misma fecha de 2004, hoy subió hasta 5,199
mm3.
De acuerdo con la CNA, si en 2004 el lago almacenaba
58.14 por ciento de su capacidad, hoy llega hasta 65.83 por ciento.
La CNA calcula el almacenamiento de acuerdo con una escala que marca
como máximo la cota 97.80, que representa 7,897 mm3 de
agua.