No sueñan con ser bomberos ni astronautas, porque ya tienen un
modelo a seguir: a ellos lo que les interesa son las partituras.
Un grupo de 50 niños del Municipio de Yahualica, estudiantes de la
Escuela de Música Higinio Ruvalcaba, saben que algún día, con
ensayos, suerte y empeño, podrán parecerse al violinista que la
Dirección de Música de la Secretaría de Cultura ha olvidado en el
centenario de su nacimiento.
Por eso ahora se preparan para brindar un homenaje que organiza
Carmina Toledo, directora de la escuela, quien sin apoyo de la SC
invitó al hijo y la viuda del músico, el escritor Eusebio Ruvalcaba
y la pianista Carmela Castillo Betancourt.
El homenaje comienza este 23 de septiembre con un concierto de la
Orquesta Filarmónica de Jalisco, el cual tendrá lugar en la
Parroquia de San Miguel Arcángel de Yahualica.
Una semana después, en octubre, los 50 niños de la escuela de
música participarán en un encuentro de bandas sinfónicas
provenientes de Colima, Jalisco y Zacatecas.
Este es el regalo del pueblo de Ruvalcaba para conmemorar los 100
años de su nacimiento, en 1905.
"El homenaje tiene muy en claro dar un reconocimiento al músico
que puso muy en alto el nombre de Jalisco; la verdad le batallamos
para organizarlo, aun sin el apoyo de la Secretaría de Cultura, de
donde no conseguimos nada", asegura Toledo.
El evento contempla un reconocimiento que se le otorgará al hijo
del violinista, Eusebio, quien también lamentó a principios de este
año que la SC no haya tenido la visión suficiente para recordar a
uno de sus más grandes compositores.
Higinio Ruvalcaba, quien llegó a Guadalajara en 1912, se
estableció en el círculo artístico de la Ciudad y desde un comienzo
destacó por sus talentos musicales, incorporándose a la Orquesta
Sinfónica de Guadalajara en 1917.
Tres años más tarde se fue a la Ciudad de México para estudiar en
el Conservatorio Nacional de Música.
En 1932, Ruvalcaba se presentó en el Carnegie Hall de Nueva York,
y como esta presentación tuvo un eco inusitado, el músico se fue de
gira a España, Francia, Italia, Alemania y Japón.
El violinista que falleció en el DF en 1976, dejó una veintena de
cuartetos, numerosas piezas para su instrumento y transcripciones de
partituras de los 24 caprichos de Paganini.