El Cardenal Juan Sandoval sonríe mientras un coro de niños
y niñas le canta una canción de su natal Yahualica.
Le recuerdan que de su pueblo han salido muchas vocaciones
y que se trabaja muy bien la cantera.
Le dicen que en Ocotes de Moya, una ranchería cercana a
Yahualica, se venera al
Señor del Encino a donde acuden personas de todo el país.
Sigue la canción, el coro de la Escuela Gómez de Mendiola
entona una estrofa y al oírla don Juan hace una mueca y sonríe aún
más.
"Muy bonita la canción, pero no es mi cumpleaños, es mi
santo", señala el purpurado inmediatamente después que terminan el
canto.
Explica que el santoral es en honor a San Juan de
Capistrano, de quien dice fue un abogado que prefirió cambiar la
vida de marrullerías y transas de su profesión por seguir a
Dios.
El Cardenal le agradece a todos su asistencia, le da las
gracias a un ancianito que fue profesor y a "El Capi", uno de sus
amigos.
El salón del Arzobispado donde se realiza la recepción está
lleno, hay monjas, sacerdotes de la Diócesis y hasta señoras que se
escaparon de sus obligaciones mañaneras para felicitar al Arzobispo
de Guadalajara.
Carlos Hernández está formado en la fila esperando su turno
para llegar hasta donde el Cardenal, avanza la fila y en un ambiente
de fiesta saluda a un sacerdote que se le acerca. Por fin llega
hasta donde está don Juan y después de un abrazo le besa el anillo
cardenalicio.
El padre Carlos, que pertenece a la Parroquia de Guadalupe,
en Chapalita, recuerda los años del seminario, los cuatro que
compartió con el Cardenal.
"De alumnos a nosotros no (nos festejaban los santos),cada
quien sabía su santo, en el seminario nada más festejábamos a los
superiores, a nosotros cada quien sabía", afirma.
Recuerda el padre Carlos al Cardenal jugando futbol con
fuerza, metiendo el cuerpo y aventando a los contrincantes.
"Era como es ahora, de mucho carácter".
Afirma que en el seminario apodaban a don Juan "Sanjo",
piensa que por San Juan.
"Eso era entonces, ya hace tiempo, ahora ya con todo
respeto (le decimos) Su Eminencia", explica.
El Arzobispo sigue repartiendo abrazos, ahora son un par de
monjas de quienes recibe un arreglo floral, que inmediatamente es
acomodado junto con otro tanto de regalos.